sábado, 15 de octubre de 2011

Cuando sea hoy...

Entonces aparece mi padre. Me había llamado cuarenta y cinco minutos antes, balbuceando frases incoherentes; por ello había optado por decirle que nos encontrábamos en mi oficina, a lo que había respondido “bueno, ahora voy, estoy estacionado a media cuadra”. Pasó el tiempo y ya daba por descontado que había decidido otro itinerario. Pero no, allí estaba. Entró con el rostro hinchado, y me saludó con una explicación: “me quedé dormido en el auto”. Había tomado una pastilla “para los nervios… el médico me dijo media, pero yo me la tomé entera”.
No pude menos que proyectar esa imagen unos años, quién sabe, veinte quizá; lo imaginé senil, durmiéndose, como ahora, en la silla frente a mí. Volví a maldecir eso de llegar a este mundo sufriendo para irse del mismo modo cuando el parto y la muerte son “naturales”. El reloj de arena ya giró, es cuestión de que esos años nos golpeen en el rostro para enfrentarse a algo que hoy se traspoló aquí misteriosa, medicinalmente.

martes, 26 de julio de 2011

El amante

Salen de ver “Midnight in Paris”, la última de Woody Allen, que para Rogelio es la película más snob del director. Sin embargo Susana cree que no, que allí está la verdadera esencia de ese genial autor.
—Si esa es la esencia —dice Rogelio— huele a mierda… o, peor, a pañal de viejo. Acordate que este año cumple 75.
—No seas así —retruca Susana, ya soltándole la mano y cruzando sus brazos de una manera aniñada—: El tipo hace lo que quiere, si no te gusta ahora y antes sí, bueno, debiste estar muy equivocado.
—Claro, puede ser, esta entonces viene a ser como la explicación a todas las anteriores, ¿no? —ahora Rogelio busca consuelo para su mano huérfana en el hombro de Susana, pero es igual que si la apoyara en la baranda de una escalera mecánica—. Mirá, si algo me pudre de este Woody (y me remonto a “Misterioso asesinato en Mannhatan”) es esa necesidad no solo de explicar el chiste, sino de recordarte de que su personaje lo está haciendo, todos sus alter egos cuelgan un cartel imaginario que dice “esto es un chiste, adelante, ría”.
—El único ego que veo es el tuyo, y menos mal que te me sentas al lado, Roge, porque si lo hicieras adelante no podría ver nada de tan inflado que lo tenés.
—Iba a contestarte con una guarangada, demasiado obvia, tal vez muy del Woody actual… Pero sé que me reiría solo, al contrario de recién ahí adentro de ese cine de mierda.
—Tenes razón, la única cara de culo era la tuya.
—Están todos equivocados, Susana, no pueden reírse de una película paisajista con diez o doce gags muy obvios…
—No me banco tu intolerancia, y no estoy bromeando.
—¡Mirá —grita Rogelio— yo puedo aceptar que pienso distinto, pero no voy a permitirte que me llames intolerante, bajo ningún concepto!

jueves, 14 de abril de 2011

La eternidad calva

Dios estaba cansado, aburrido de esa eterna monotonía. Alguien arriesgó que quiso jugar, un juego solitario, pero un divertimento al fin. Le concedió la inmortalidad a un pobre tipo con tanta -o tan mala- suerte que se arrepintió a las pocas horas; y el pobre infeliz ni siquiera alcanzó a saberlo, ni se le ocurrió preguntárselo cuando las ruedas del colectivo se le vinieron encima.

viernes, 25 de marzo de 2011

Identidad

-¿Usted sabe quién soy yo? ¿Usted sabe con quién está hablando?
-No -dijo el policía.
-Pues yo tampoco.

miércoles, 5 de enero de 2011

Traslación (de una idea ajena)

No siempre fue así… Tal vez todo comenzó el día en que el baño del bar dejó de ser el mismo. Seguramente resulte redundante expresarlo de este modo, pero las cosas cambiaron —de qué otro modo decirlo— aquella mañana de agosto cuando entró apurado, como de costumbre, gritando “lo de siempre” mientras avanzaba por el pasillo rumbo a la puerta con el letrero Caballeros. El olor allí ahora era distinto, incluso el color de los azulejos distaba del amarillo cuasi ocre que tanto le disgustaba. Y cuando salió, luego de lavarse nerviosamente las manos, observó que la disposición de las mesas era otra, que los mozos no eran los mismos y que además la vereda, a través del vidrio empañado de la entrada, no le era familiar. Su mesa habitual, junto a la columna lateral, había sido sustituida por una lámpara antigua, conservada en perfectas condiciones.

—¿Quiénes son ustedes? —le preguntó al hombre detrás de la barra.

—Solo usted podría saberlo…

sábado, 6 de noviembre de 2010

Domingo y después

No puede haber dudas, sería un domingo. Si tuviera deseos, si alguna vez quisiera vencer, redoblar la apuesta en vano (porque de antemano sé que perderé, nadie vence a ese absurdo inevitable)... En fin, si tuviera, si anduviera ganas de suicidarme, lo haría un domingo. Elegiría ese maldito día recluido junto al que todos señalan como "el más puto de los Diaz". Su estrategia es así: ser nada, junto a la peor de las fechas en el calendario, junto al principio de un ciclo repetido que durará cinco días, tal vez seis, pero nunca siete, nunca un domingo.
El día de descanso del creador consolida la desazón de los que intentan resignarse a la nada, a la existencia misma... porque cualquiera que apueste por disfrutar esto, por "vivir la vida", verá decaer domingo a domingo ese deseo de estar, de permanecer en esto que ocurre aquí, ahora, pero que puede no ocurrir, que puede dejar de ser en cualquier momento, y a pesar de los domingos.

martes, 21 de septiembre de 2010

Un último diálogo

¿Cómo se habla con una ex?, pregunta Rubén, que no hace más de dos meses que concluyó, de manera Calamariana ("...todo lo que termina, termina mal"), una relación de casi seis años. Evoca una canción de Estelares cuyo estribillo es un homenaje a aquellos mejores tangos desgarrados: "¿Dónde estarás, amor? ¿Quién agiganta el sol?"
No sé, no se puede, dice Luis. Es como actuar una escena absurda -acota-, ambos saben que se están mintiendo, que a la persona que ven en frente ya la saben e imaginan desnudas, con sus olores y defectos, con sus llantos y vergüenzas compartidos, que todo se reduce a una farsa para continuar con ese ciclo monorítmico al que obligan los estereotipos, la buena costumbre, la diplomacia doméstica y un pudor incómodo.
En fin, se incorpora Mauricio, ya pensando en el viaje a Chile que emprenderá en apenas dos días, y del cual todos, los tres, saben que no hay retorno. Es necesario dejar esos vicios, reemprender una huida nunca concluida, y ahora es el tiempo, sabes -se entusiasma.
Ese lunes los tres se mirarán sin decir mucho más. Hablarán de historias ya contadas, rememorarán de diverso modo alguna experiencia compartida, minimizarán algún error y se recostarán anchos sobre un triunfo pasajero. Sabrán que todo lo que digan será un último diálogo, que jamás habrá otro momento que los reúna para seguir inventando un mundo, un futuro, ahí, cercano, si casi lo toco -dice alguien, pero ya ninguno sabe quien lo dijo.