- ¿A vos nunca te pasó?
- ¿Qué cosa?
- Que alguien te preguntara así, de la nada, si te había pasado algo...
miércoles, 29 de octubre de 2014
lunes, 18 de junio de 2012
Dream #9
Soy partidario de los sueños poco ortodoxos, de los sueños con finales abiertos, me dijo esta mañana mi perro, al despertar.
lunes, 28 de mayo de 2012
Supervivencia
Evidentemente la realidad sorprende, y puede pasar que un día cualquiera te levantes para ir a la oficina, como todos los días, pero esta vez con menos ganas, como todos los días, y en esa corrida antes del cierre del banco llegues exhausto, te detengas un minuto antes de poder avanzar en la fila de la caja y leas un anuncio de la propia entidad bancaria para sus clientes jubilados, informando que a partir de ahora deben acompañar un certificado de supervivencia, cada tres meses, para poder cobrar su jubilación. Si la vejez te acompañó, es necesario que ratifiques el hecho de estar vivo, que lo documentes por escrito, que el cajero al verte certifique que ese que está ahí parado tiene la suerte de seguir vivo...
Y después, al volver a la oficina digerir las noticias como quien sorbe un café en la somnoliencia que da el despertar. Enterarse que en un puente de Miami los policias balearon a un hombre que se negaba a apartarse del cuerpo de otro hombre (ambos desnudos) al que le estaba comiendo literalmente la cara. Y que en Japón un chef (Mao Sugiyama) se cortó los testiculos y el pene y los congeló para luego servirlos, cocinados, a 20.000 yenes.
La noche llega de repente, pero mañana habrá seguramente algo más apenas te despiertes y enciendas la radio para saber si ese día lloverá, si el tránsito está congestionado, o si hay paro de colectivos...
sábado, 28 de enero de 2012
Reencuentros
Nadie sabe como responder a un llamado de una ex después de un semestre de incomunicación, dice Damián.
Por eso uno se ataja, dice pelotudeces, y más todavía cuando el día anterior te dormiste con un exceso de alcohol impensable cuando la convivencia. Pero lo que me pudo, lo que me hizo seguir hablando fue -se yergue Damián, exhala, piensa pero no duda en seguir-: escucharla triste... Le dije una boludez que la puso mal, que le hizo temblar la voz, y no pude menos que pedirle disculpas, que tal vez el tiempo, la distancia, no servían para un buen comienzo de diálogo... Pero en el medio -insiste- no podía dejar de pensar en lo que me sucede ahora, en cuánto hubiera deseado recibir ese llamado un año atrás... pensar en una salida, pacífica, heroica y romántica, como en las películas de Leconte que mirábamos juntos... El paso del tiempo, el saber que ahora había algo nuevo que superaba lo anterior cargaba cualquier pensamiento de una nostalgia gris, un recuerdo imposible, la imposibilidad de revisar tantos errores.
Por eso uno se ataja, dice pelotudeces, y más todavía cuando el día anterior te dormiste con un exceso de alcohol impensable cuando la convivencia. Pero lo que me pudo, lo que me hizo seguir hablando fue -se yergue Damián, exhala, piensa pero no duda en seguir-: escucharla triste... Le dije una boludez que la puso mal, que le hizo temblar la voz, y no pude menos que pedirle disculpas, que tal vez el tiempo, la distancia, no servían para un buen comienzo de diálogo... Pero en el medio -insiste- no podía dejar de pensar en lo que me sucede ahora, en cuánto hubiera deseado recibir ese llamado un año atrás... pensar en una salida, pacífica, heroica y romántica, como en las películas de Leconte que mirábamos juntos... El paso del tiempo, el saber que ahora había algo nuevo que superaba lo anterior cargaba cualquier pensamiento de una nostalgia gris, un recuerdo imposible, la imposibilidad de revisar tantos errores.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Noctículas...
Como casi todos los post de esto que obligadamente se llama blog, este comienza con una muerte: la de un joven economista y alto funcionario nacional que, en plena cumbre del Mercosur, decide suicidarse en este estilo casi poético que brinda el cinturon aferrado al cuello.
Uno no puede menos que preguntarse cómo fueron esas últimas horas en una suite que imaginamos no poco apacible y con amplias concesiones. Qué determinó ese lugar, en qué momento ese ego olvidó una mujer que ingresó sin mayores dubitaciones en una convivencia, y no soportó el devenir. Cómo alguien que se especializa en administración de recursos decide eliminar el progreso de una vida jugada, que apostó en tiempos difíciles, cuando muchos huyeron a otros continentes.
Y entonces no saber por qué hay montar el televisor y el reproductor de DVD para ver esa película de Gleyzer que tantas veces postergó, y preferir una medida profunda de JW green label -que regalaron el gordo y el pelado, entrañables compañeros de ruta, a pesar de las diferencias- para acompañar el momento.
Los traidores, tan crudos en la película homónima, se reproducen diariamente... Están allí, tan cerca, pero es necesario creer que sí, que lo que nos rodean albergan la misma idea, que hay muerte, trampa, estafa, pero que por algo aun vivimos, que esto no puede ser tan breve, que aquí no hay -como diría Discépolo- ni rencor, ni veneno ni maldad...
Y ya no importa demadiado que sean las 3 am, como en aquella canción tan pura de Serú Girán, y que sigan esas ganas de beber un escocés con hielo, mientras Gleyzer avanza duro en la pantalla, mostrando en crudo esa verdad tan dolorosa.
Habrá que terminar de verla, de analizarla, pues es ya una falta de respeto apagar el reproductor de un film que se llevó la vida de su director cuando la tiranía ocupó el lugar del pueblo. Ese pueblo que aquel artísta retrató con tanta perfección.
Uno no puede menos que preguntarse cómo fueron esas últimas horas en una suite que imaginamos no poco apacible y con amplias concesiones. Qué determinó ese lugar, en qué momento ese ego olvidó una mujer que ingresó sin mayores dubitaciones en una convivencia, y no soportó el devenir. Cómo alguien que se especializa en administración de recursos decide eliminar el progreso de una vida jugada, que apostó en tiempos difíciles, cuando muchos huyeron a otros continentes.
Y entonces no saber por qué hay montar el televisor y el reproductor de DVD para ver esa película de Gleyzer que tantas veces postergó, y preferir una medida profunda de JW green label -que regalaron el gordo y el pelado, entrañables compañeros de ruta, a pesar de las diferencias- para acompañar el momento.
Los traidores, tan crudos en la película homónima, se reproducen diariamente... Están allí, tan cerca, pero es necesario creer que sí, que lo que nos rodean albergan la misma idea, que hay muerte, trampa, estafa, pero que por algo aun vivimos, que esto no puede ser tan breve, que aquí no hay -como diría Discépolo- ni rencor, ni veneno ni maldad...
Y ya no importa demadiado que sean las 3 am, como en aquella canción tan pura de Serú Girán, y que sigan esas ganas de beber un escocés con hielo, mientras Gleyzer avanza duro en la pantalla, mostrando en crudo esa verdad tan dolorosa.
Habrá que terminar de verla, de analizarla, pues es ya una falta de respeto apagar el reproductor de un film que se llevó la vida de su director cuando la tiranía ocupó el lugar del pueblo. Ese pueblo que aquel artísta retrató con tanta perfección.
sábado, 15 de octubre de 2011
Cuando sea hoy...
Entonces aparece mi padre. Me había llamado cuarenta y cinco minutos antes, balbuceando frases incoherentes; por ello había optado por decirle que nos encontrábamos en mi oficina, a lo que había respondido “bueno, ahora voy, estoy estacionado a media cuadra”. Pasó el tiempo y ya daba por descontado que había decidido otro itinerario. Pero no, allí estaba. Entró con el rostro hinchado, y me saludó con una explicación: “me quedé dormido en el auto”. Había tomado una pastilla “para los nervios… el médico me dijo media, pero yo me la tomé entera”.
No pude menos que proyectar esa imagen unos años, quién sabe, veinte quizá; lo imaginé senil, durmiéndose, como ahora, en la silla frente a mí. Volví a maldecir eso de llegar a este mundo sufriendo para irse del mismo modo cuando el parto y la muerte son “naturales”. El reloj de arena ya giró, es cuestión de que esos años nos golpeen en el rostro para enfrentarse a algo que hoy se traspoló aquí misteriosa, medicinalmente.
No pude menos que proyectar esa imagen unos años, quién sabe, veinte quizá; lo imaginé senil, durmiéndose, como ahora, en la silla frente a mí. Volví a maldecir eso de llegar a este mundo sufriendo para irse del mismo modo cuando el parto y la muerte son “naturales”. El reloj de arena ya giró, es cuestión de que esos años nos golpeen en el rostro para enfrentarse a algo que hoy se traspoló aquí misteriosa, medicinalmente.
martes, 26 de julio de 2011
El amante
Salen de ver “Midnight in Paris”, la última de Woody Allen, que para Rogelio es la película más snob del director. Sin embargo Susana cree que no, que allí está la verdadera esencia de ese genial autor.
—Si esa es la esencia —dice Rogelio— huele a mierda… o, peor, a pañal de viejo. Acordate que este año cumple 75.
—No seas así —retruca Susana, ya soltándole la mano y cruzando sus brazos de una manera aniñada—: El tipo hace lo que quiere, si no te gusta ahora y antes sí, bueno, debiste estar muy equivocado.
—Claro, puede ser, esta entonces viene a ser como la explicación a todas las anteriores, ¿no? —ahora Rogelio busca consuelo para su mano huérfana en el hombro de Susana, pero es igual que si la apoyara en la baranda de una escalera mecánica—. Mirá, si algo me pudre de este Woody (y me remonto a “Misterioso asesinato en Mannhatan”) es esa necesidad no solo de explicar el chiste, sino de recordarte de que su personaje lo está haciendo, todos sus alter egos cuelgan un cartel imaginario que dice “esto es un chiste, adelante, ría”.
—El único ego que veo es el tuyo, y menos mal que te me sentas al lado, Roge, porque si lo hicieras adelante no podría ver nada de tan inflado que lo tenés.
—Iba a contestarte con una guarangada, demasiado obvia, tal vez muy del Woody actual… Pero sé que me reiría solo, al contrario de recién ahí adentro de ese cine de mierda.
—Tenes razón, la única cara de culo era la tuya.
—Están todos equivocados, Susana, no pueden reírse de una película paisajista con diez o doce gags muy obvios…
—No me banco tu intolerancia, y no estoy bromeando.
—¡Mirá —grita Rogelio— yo puedo aceptar que pienso distinto, pero no voy a permitirte que me llames intolerante, bajo ningún concepto!
—Si esa es la esencia —dice Rogelio— huele a mierda… o, peor, a pañal de viejo. Acordate que este año cumple 75.
—No seas así —retruca Susana, ya soltándole la mano y cruzando sus brazos de una manera aniñada—: El tipo hace lo que quiere, si no te gusta ahora y antes sí, bueno, debiste estar muy equivocado.
—Claro, puede ser, esta entonces viene a ser como la explicación a todas las anteriores, ¿no? —ahora Rogelio busca consuelo para su mano huérfana en el hombro de Susana, pero es igual que si la apoyara en la baranda de una escalera mecánica—. Mirá, si algo me pudre de este Woody (y me remonto a “Misterioso asesinato en Mannhatan”) es esa necesidad no solo de explicar el chiste, sino de recordarte de que su personaje lo está haciendo, todos sus alter egos cuelgan un cartel imaginario que dice “esto es un chiste, adelante, ría”.
—El único ego que veo es el tuyo, y menos mal que te me sentas al lado, Roge, porque si lo hicieras adelante no podría ver nada de tan inflado que lo tenés.
—Iba a contestarte con una guarangada, demasiado obvia, tal vez muy del Woody actual… Pero sé que me reiría solo, al contrario de recién ahí adentro de ese cine de mierda.
—Tenes razón, la única cara de culo era la tuya.
—Están todos equivocados, Susana, no pueden reírse de una película paisajista con diez o doce gags muy obvios…
—No me banco tu intolerancia, y no estoy bromeando.
—¡Mirá —grita Rogelio— yo puedo aceptar que pienso distinto, pero no voy a permitirte que me llames intolerante, bajo ningún concepto!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)