miércoles, 7 de junio de 2017

Ese martes fui a visitarla. La noche anterior me había enviado un mensaje de texto. Entre otras cosas decía que había sido su mejor compañero de trabajo, que hubiera sido su hijo preferido (ella que solo tuvo dos hijas mujeres, hoy de veintipico de años) y que me quería mucho. Sabía de su cáncer desde hacía tres años, al menos, pero el mensaje me inquietó. Le pregunté qué pasaba, el mensaje fue claro «esto se va al carajo, ya estoy con morfina».
Ese martes hablamos, reimos y lagrimeamos juntos. No podia evitar sentirme un personaje de 'Las invasiones bárbaras'. Le mentí diciéndole que no estaba tan mal como me anticipara, y que volvería a la semana siguiente; que eso no era una despedida, apenas un hasta luego.
El martes siguiente voy al banco, en la espera comienzo la lectura de 'Lugar común la muerte' (Tomas Eloy Martínez). Salgo a la hora siguiente y recibo el mensaje de su telefono celular. No es ella, es su hija que me informa que mamá está dormida, estamos esperando que suceda. Me recorre un sentimiento de angustia y un asombro por esas coincidencias, la semana perfecta del ultimo adiós, el título de este libro encontrado al azar en una tienda de usados pocos dias antes.
A la tarde me avisan, en medio de una reunión, que ahora sí, que luego de 23 horas sedada murió. Que al otro dia, a primera hora, la ingresarían en el crematorio del cementerio central, como fuera su deseo (con la ropa más vieja, agregó).
Esa noche duermo tremendamente mal, despierto cada dos horas, a las siete finalmente decido entrar a la ducha, dejo el reloj en la mesa de luz, se cae. Llego diez minutos tarde pero puedo estar con esa familia que me recuerda que me quería como a un hijo.
Al mediodia miro el reloj, está muerto a las 7:05. La hora en que se cayó de la mesa de luz. Vuelvo a reirme de esas coincidencias tan absurdas, que nos harían reir como dos ateos cómplices.
Recién hoy, otro martes, reparé el reloj. Su pila habia decidido expirar justamente ese último y faltal martes. (Antes de marcharme de la relojería me advierten que «el calendario puede fallar».)
Se fue con 59 años, compartimos apenas dos en una oficina del Estado cuando comencé a trabajar de sumariante en el Consejo de Educación. Diez años después me escribió para despedirse y no pude menos que sentír que una década cabe en una mano, en un recuerdo, que eso que pensamos tan presente se torna un recuerdo en apenas una semana.

martes, 6 de junio de 2017

Hoy desperté varias veces. Dormí y soñé esos sueños que se repiten. En estos la muerte aparecía de distintas maneras, y en todas era su objeto. Me despertaba y comentaba el sueño, mi compañera esuchaba y abrazaba, volvia a dormir, pero estaba en el sueño aun. Eran subsuelos de un descenso en la angustia y una dificultad en ascender, que impedía gritar en el mutismo onírico.

sábado, 10 de septiembre de 2016

El amigo presente

Hoy habían esas ganas de recordar al amigo que murió hace 5 años, aquel troskista hermoso que falleció en un accidente de transito embestido, azar maldito, por un camión blindado.

miércoles, 29 de octubre de 2014

La historia sin fin

- ¿A vos nunca te pasó?
- ¿Qué cosa?
- Que alguien te preguntara así, de la nada, si te había pasado algo...

lunes, 18 de junio de 2012

Dream #9

Soy partidario de los sueños poco ortodoxos, de los sueños con finales abiertos, me dijo esta mañana mi perro, al despertar.

lunes, 28 de mayo de 2012

Supervivencia

Evidentemente la realidad sorprende, y puede pasar que un día cualquiera te levantes para ir a la oficina, como todos los días, pero esta vez con menos ganas, como todos los días, y en esa corrida antes del cierre del banco llegues exhausto, te detengas un minuto antes de poder avanzar en la fila de la caja y leas un anuncio de la propia entidad bancaria para sus clientes jubilados, informando que a partir de ahora deben acompañar un certificado de supervivencia, cada tres meses, para poder cobrar su jubilación. Si la vejez te acompañó, es necesario que ratifiques el hecho de estar vivo, que lo documentes por escrito, que el cajero al verte certifique que ese que está ahí parado tiene la suerte de seguir vivo... Y después, al volver a la oficina digerir las noticias como quien sorbe un café en la somnoliencia que da el despertar. Enterarse que en un puente de Miami los policias balearon a un hombre que se negaba a apartarse del cuerpo de otro hombre (ambos desnudos) al que le estaba comiendo literalmente la cara. Y que en Japón un chef (Mao Sugiyama) se cortó los testiculos y el pene y los congeló para luego servirlos, cocinados, a 20.000 yenes. La noche llega de repente, pero mañana habrá seguramente algo más apenas te despiertes y enciendas la radio para saber si ese día lloverá, si el tránsito está congestionado, o si hay paro de colectivos...